Se va afirmando el camino.
José Carlos Ortega: El grupo se formó, y estamos tratando de
elaborar un discurso desde los propios actores que nos consideramos nosotros
por ser hijos de migrantes. En mi caso, yo soy de segunda generación. Mi amigo Tomás
es de segunda generación, Nicolás es,
también, de segunda generación…
Teófilo Altamirano: Porque hay dos maneras, unos dicen la primera
generación son los propios migrantes, otros dicen no: la primera generación son
los hijos de migrantes que han nacido
acá y tú eres…
J: Mi padre es de Huancayo y mi mamá es de Ancash. Yo sería primera
generación…
T: … para algunos, eres de primera generación para otros, eres
segunda, ¿no? No hay un acuerdo.
J: Y queremos elaborar un discurso en el cual desde
nuestras propias carreras y más aun teniendo el factor que estamos estudiando
en la Pontificia Universidad Católica del Perú, una universidad privada. Empoderarnos
acá, es decir, de alguna manera ingresar al mundo académico desde nuestros
propios testimonios de vida. Y elaborar un grupo, una organización, una asociación
de migrantes que están en el mundo académico. Eso es básicamente lo que venimos
trabajando nosotros desde diciembre. En
nuestro blog, también estamos, de alguna manera, recopilando testimonios de
nuestros abuelos. No hemos encontrado otra propuesta, es decir, de redactar o
socializar esta información porque prácticamente se queda en el ambiente doméstico
y nunca se toma, digamos en términos de discurso, de elaborar discursos académicos
de los abuelos y eso queremos proponerlo también. Ya venimos haciéndolo y, aparte
de eso, tomando el factor somos estudiantes de diversas carreras: uno es lingüista,
otro es sociólogo, yo soy antropólogo, hay dos sociólogas más y también hay un antropólogo
más.
T: ¿Con qué frecuencia se reúnen ustedes?
J: Más bien nos reunimos… todo es por vía virtual. Prácticamente, alguno
de nosotros redacta un artículo o comparte información y todo el mundo está
comentando y tratamos de elaborar productos, productos, productos. Todavía no
nos reunimos en una plenaria en el sentido que todavía tenemos un compañero
nuestro en el extranjero y su opinión, o sea, para nosotros es muy importante y
la verdad que necesitamos reunirnos en una plenaria y discutir esto. Todavía estamos
empezando, pero tampoco es el sentido que vamos a quedar dormidos en los laureles
y ahí vamos a quedar Por eso, en la medida, que nosotros estamos saliendo un
poco.
T: ¿Todos están en el mismo ciclo más o menos? Mantenerse eso es, a
veces, difícil porque uno de ellos va a egresar ya entra a otro mundo. No rompe
con la universidad pero… claro la cosa virtual les ayuda mucho. Y ya es… bueno
siempre va a suceder esto.
J: Y venimos saliendo del blog y tratamos de entrevistar: En este
caso usted con su trabajo sobre migraciones, identidad para poder ya elaborar mayores
productos seguir discutiendo, debatiendo esto y ya lanzar probablemente una
propuesta ya. De alguna manera un manifiesto: “Miren estamos aquí nosotros
reunidos y tomamos conciencia de nuestra identidad de migrantes y queremos
debatir en la academia” Eso es prácticamente lo que queremos hacer. Y le
agradecemos bastante por su tiempo.
T: Con todo gusto, oye. Yo soy migrante, provinciano he tenido las
mismas dudas, preguntas - así como ustedes era yo - cuando estaba en San
Marcos. Mientras los estudiantes hacían su bulla, yo estaba en la biblioteca,
me iba a las fundaciones, al ministerio buscando documentos… Ministerio del
Trabajo [ininteligible] ministerio en el sótano estaban todos los documentos de
las comunidades campesinas que presentaban para su reconocimiento. Por eso que
me gusta mucho que ustedes puedan… Además el tiempo, ahora pues soy dueño de mi
tiempo lo puedo administrar antes me administraban mi tiempo, entonces mi
tiempo está bien invertido.
J: Claro, o sea, la idea no es solamente entrevistar a profesionales
en el tema sino entrevistar a los mismos actores, profesionales. Y justo ayer,
sin querer queriendo, fui a San Marcos a arreglar algunas cosas y me encontré
con Doris y Jurgen. Y yo me sorprendí. Primero abordé a Doris, le pregunté, indagué
sobre lo que está trabajando, saqué el correo todo para poder hablar con ella
directamente, o sea, también queremos ampliar las redes porque prácticamente todos
somos de la católica y queremos también integrarnos, devolvernos a otras academias como es el caso de San
Marcos que, para nosotros, es un hecho crucial: o sea entablar relaciones y
fomentar este grupo. Ahora lo que hemos redactado es lo siguiente…
T: Tenemos una hora, no te preocupes. Hasta las 11 más o menos. ¿Tú
tienes tiempo hasta las 11? Ok.
J: Es un primer punto: es la situación que nos toca. De alguna
manera, sabemos bien quiénes somos, de dónde venimos: Somos unos estudiantes de
legado migrante que llegamos aquí a la universidad y estudiamos esas carreras de
sociales y humanidades. Antropología… La católica es la única universidad
privada que enseña antropología. Nos encontramos con nosotros mismos en los
mismos discursos que nos enseñan en las clases. Sabemos que somos un actor
distinto al tradicional de la academia. Queremos, más que todo, que nos plantee,
en el sentido, que nosotros como migrantes estamos en una situación de contradicción
también porque nos performamos acá de una manera: entablamos un diálogo, un
lenguaje técnico, formal académico, y en nuestras casas, y en nuestras redes
sociales, y en nuestras propias comunidades entablamos otros discursos. Y así progresivamente:
vamos performando de un lugar para otro. Pero eso no quiere decir que nos
afecte demasiado… conlleva cierto, no sé, cierta angustia. Al respecto queríamos
saber de acuerdo a sus trabajos de migración e identidad: ¿cuál es el punto? ¿cuál
es el nudo que podría permitir una performance de esta identidad de migrante a partir
de su familia, educación, economía, trabajo, etc.?
T: A ver… eso me hizo sentir, cuando yo dejé la universidad en el
Cusco, todavía en el Cusco tiene más posibilidad de identificarme con ellos
[bulla de imberbes], quechua hablante, mi lengua materna es el quechua y las
dificultades de tener que hablar un lenguaje. La ansiedad de lograr de entrar
al círculo de profesores que ya tenían una red establecida y –como todos los
provincianos cusqueños– lo mantenían casi secretivo,
casi privativo. Porque eso es que una de las cosas que mencionaron en el Cusco:
el conocimiento es privado. No te lo podemos dar, soltar fácilmente porque me ha costado… algo así como un capital:
no puedes soltarlo, y eso no me agrado. Esa fue la causa de porque yo me vine a
San Marcos. En San Marcos yo encontré una universidad un poco más abierta…
a pesar que la composición de la clase social era relativamente más alta que en
el Cusco porque todavía se tenía… Estoy hablando de los años 66. Estudiar
Antropología era una tarea, un camino incierto no sabias a donde te iba a
conducir, pero tenías el deseo ¿no?... porque ya tenías evidencias que ya habían
programas de investigación sobre las comunidades campesinas en el Perú, donde
los antropólogos empezaban a trabajar. Entonces por un lado había ese deseo, esa
alegría de saber que uno podría resolver sus problemas. Porque eso es lo que hace
un provinciano: llegas a la capital, no solamente para empoderarte de lo que pueda
darte la Católica, sino para buscar un trabajo, para salir –quizás– de una
situación distinta, anterior a los padres pero como un servicio, no tanto como
un empoderamiento: que sea un factor de orgullo… como un batracio que se hincha
cada vez más… No, sino algo que te permita entrar a ese mundo que es privado,
urbano, occidental pero que al mismo tiempo te permite ver mejor. ¿Para quién? ¿Para quién? ¿A quienes nos debemos
nosotros en la Antropología? A las poblaciones, en este caso, los migrantes.
Ese migrante que viene sin nada, viene solamente lleno de alforjas de esperanza
sus alforjas están llenas de esperanza… muchas veces lo vende las cosas, llega
a la ciudad. Matos tiene en ese sentido tiene razón: ¿Cómo llega? ¿Qué hago
acá? [Ininteligible] A las arenas: ahí planta su estaca, su estera, pone una
bandera, se une y reclama. Lo que no podía hacerlo en la sierra. O si que no le
hacen caso, cierra la carretera. Es distinto que un campesino de Ayacucho,
Apurímac o de Huancavelica cierra su carreterita: ¡no paso nada! Nadie se va a
dar cuenta de eso ¿Por qué? Porque acá son potenciales electorales, políticos del
cual se pueden beneficiar y lograr de esa manera una posición política… conformarse,
al menos, como un grupo de poder.
J: Usted está mencionando dos etapas. Llegan los migrantes sin nada
en los bolsillos, se instalan en un arenal, invaden, ponen su bandera y ya
construyen su casa. Luego progresivamente ya tienen un trabajo: son pequeños empresarios,
emprendedores, emergentes. Ya están dentro de una lógica de mercado capitalista,
por ejemplo Gamarra. Y se han empoderado en la capital como empresarios ya no
son colonos, pongos… Ahora son ciudadanos en una ciudad, valga la redundancia:
son electores potenciales. Pero ahora hay un tercer punto: los migrantes ya no
estamos estudiando – no todos, aunque hay una gran mayoría – no todos estamos estudiando carreras como ciencias
sociales o humanidades. Ahora nosotros estamos poniendo nuestra banderita,
nuestras pequeñas esteras y estamos tratando de construir nuestra casita en la
academia. Lo cual es bastante difícil y a la vez nos exige mucho rigor en el
sentido que estamos compitiendo contra una hegemonía “occidental”. ¿Cómo
adecuamos nuestros discursos? ¿Nos integramos a ellos, nos integramos a su
lenguaje o creamos un nuevo lenguaje o mezclamos los dos? Creo que deberíamos dominar
una suerte de técnica, la técnica académica y empoderarnos y, luego, proyectarnos… presentando nuestros
propios discursos dominando ya la técnica de la academia, es decir: ¿Cuán válido
es el estudio de un personaje que se reconozca como miembro de una comunidad,
por ejemplo yo soy de Huancayo? ¿Cuán válido es que yo vaya a Huancayo y
realice un trabajo de campo ahí a diferencia de alguien que no sea de Huancayo,
es decir, extranjero o que sea netamente limeño… un trabajo en Huancayo?