A Augurio Rupay, abuelo, amigo y camarada.
Este primer intento por darle voz a nuestros abuelos es una empresa que demandó varios años y más aún es la vía que ellos construyeron. ¿Por qué? Ellos se dieron voz a sí mismos, no necesitan de un intermediario foráneo. Nosotros, sus nietos, al conversar con ellos les damos voz, su voz es la nuestra y viceversa. Sus testimonios son nuestra historia; el legado que nos dejan es claramente el de la educación, la movilidad social, la inserción hacia un “mundo mejor”, pero ¿a qué precio?, ¿en qué mundo nos identificamos? Renunciar a nuestras identidades ya no es imperativo, más bien acercarnos a los abuelos es lo urgente. Empezamos como invasores, luego fuimos empleados, después pequeños propietarios, nos educamos y ahora somos una corriente de pensamiento. Hermanos, hermanas no necesitamos que un foráneo escriba nuestra historia, hagámoslo: ¡invadamos la academia!
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