viernes, 23 de marzo de 2012

La vigencia del discurso criollo: El Mercurio Peruano. A propósito de la presentación del libro Perú: Estado Desbordado y Sociedad Nacional Emergente.


* Disclaimer: No es una crítica a la obra de Matos Mar ni a su persona, es la exposición de un desafortunado encuentro con la Lima Oficial, es decir, el Perú oficial.  


Vallejo tuvo que largarse y llorar la patria
Arguedas se desgarró, rebasado en dos mundos.
Pero nosotros ya les robamos el fuego, 
Dominamos la lengua de Castilla y mucho más
¡A invadir la academia, su práctica y sus discursos! 



Entonces, mi pueblo era pues un pueblo, no sé... un pueblo ajeno dentro del Perú
Primitivo Quispe, Audiencia CVR de Ayacucho, 8/4/2002


Y aún sigue siendo.

En el siguiente post voy a trabajar el concepto de hegemonía de la representación, ¿por qué este tema en particular? Porque las ironías de la vida, que convergieron en la presentación del libro Perú: Estado Desbordado y Sociedad Nacional Emergente escrito por José Matos Mar, exigen un espacio para debatirlas y denunciarlas.

¿Quién reproduce a quién? Es nuestra pregunta esencial: la reproduce quien lee, escribe y tiene un auditorio desde donde puede erguirse como un agente válido de opinión. El auditorio tiene que ser forzosamente la confluencia del poder político, intelectual y económico, no es un auditorio difuminado en los sectores populares, ¿de qué valdría intervenir en esos espacios? No son sujetos válidos, solo algunos son los llamados a iluminar al populum y, de esa manera, esparcir el conocimiento docto entre ellos mismos. El conocimiento de la nación, ciudad o barrio está delegado en sujetos hegemónicos que se presentan aderezados para asistir a una tertulia decimonónica comiendo pastel y tomando vino cabernet sauvignon. Lo curioso es que esta clase es la tributaria de un esquema añejo: El Mercurio Peruano.

Son los mismos polemistas de la Sociedad Amantes del País, criollos, quienes piensan, escriben y dictan la idea de nación peruana segregando el conocimiento a su propia clase. Ellos se apropiaron del Perú, mejor dicho, ellos crearon el Perú y nos delegaron la función de asistentes a nuestra propia realidad: una realidad construida a su medida.  Nosotros somos la clase subalterna estudiada y perfeccionada en los ambientes académicos; nos hemos convertido en sujetos de la teoría: nos han apropiado en libros y nos han vendido al mundo occidental. Se venden nuestras miserias, historias de éxito, migración, identidad como teoría y probables proyectos de inserción en una comunidad más grande: El Perú de ellos.

¿Quiénes son los llamados y quienes asisten? Acceder a la presentación de un libro paradigmático para la construcción de nuestra identidad de migrantes (Perú: Estado Desbordado y Sociedad Nacional Emergente), se configura como una suerte de laboratorio social. La Comisión del Cono Norte reconoce que llegó tarde a la presentación del libro, no lo negamos. La asistencia fue masiva: estudiosos de provincia, estudiantes, ciudadanos, profesionales… todos querían escuchar los comentarios sobre el libro. Muchos de nosotros no lo escuchamos; la Comisión del Cono Norte quería ver y escuchar un poquito de sus historias personales, o mejor dicho, la historia de sus abuelos sistematizadas y teorizadas. No se pudo. Sin embargo, otros ciudadanos de rancio y prepotente abolengo quienes habían venido “de muy lejos” – desde Monterrico, San Isidro y La Molina –, gritaron a los cuatro vientos que era un horror que la puerta esté cerrada para ellos, la incomodidad por compartir escenario con nosotros era evidente. La alta burguesía se ofuscó cuando una voz comentó que las otras Limas estaban afuera queriendo ingresar también (¿Otra Lima? ¡Lima solo hay una! ¡Qué barbaridad! ¡Lima, una y nada más!). En efecto, Nicolás la tesis de Matos Mar se derrumbó, no había calado en el imaginario criollo. Lo patético del asunto es que Matos Mar lo estaba explicando en el auditorio, a ese tan gracioso y particular auditorio: Hay otras Limas, señores.

La alta burguesía ingresó al auditorio mientras la otra Lima seguía afuera haciendo su colita. Cuando la puerta por fin se abrió, pudimos ser testigos de una marea de personalidades políticas e intelectuales quienes orgullosos por la ¿presentación y comprensión del libro? comentan mientras bebían vino y comían pastel. Las señoras y señores socialités posaban para la cámara junto a Matos Mar; la Lima hegemónica se había apropiado del auditorio y todo parecía estar bien. Al parecer, y espero equivocarme, pero la tesis del libro de Matos Mar se había transformado en un evento social de la alta burguesía: Otra vez la población marginal era expuesta en vitrina para su admiración vacía. La Comisión del Cono Norte vimos con pena que las historias de sacrificio de nuestros abuelos habían sido apropiadas por esta clase.

La apropiación cultural del imaginario migrante para convertirlo en una marca o en señuelo de país ha abandonado al objeto de estudio: el propio migrante. Se nos ha delegado la función de crisis para nuestro posterior estudio y comprensión. Somos objetos de un museo itinerante que nos ha entrenado en las artes del silencio. La Sociedad Amantes del País y su órgano de difusión, el Mercurio Peruano, siguen vigentes negándole la voz a sus, no verdaderos, sino necesarios protagonistas. La educación ya no es un bien utópico para nuestra población – si bien todavía es de difícil acceso, no se encuentra como en los márgenes del siglo XVIII. Ya hay un Estado Desbordado, pero todavía no hay una Academia Desbordada: ¿Dónde están nuestras voces? ¿Quién reproduce a quien?    

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